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Centro Terapéutico

 

Quemuel Paniagua Ferrer, más conocido como «estáte quieto ya».

Yo iba derechito a Marketing, pero las drogas me hicieron cambiar de opinión.

«Claro que alguien tiene que hacerlo, pero ¿por qué tú?» Mucha gente querida hubiera preferido que me dedicara a la docencia. Que hablara de traumas y de metadona sin meterme en líos, desde la distancia de quien controla mucho la teoría, pero nunca ha pisado un poblado. Y a ser posible, que me exigieran ir a trabajar con la camisa por dentro y la raya en el pelo, como le gusta a mi tía. Pero yo quería otra cosa…

Yo era un niño en el Madrid de la transición. Jugaba en parques sembrados de jeringuillas, evitaba ciertos lugares a ciertas horas, y alguna vez me atracaron (jeringuilla en mano) en el camino de la RENFE a casa. España pasó del nacionalcatolicismo al destape y a “la movida” sin pestañear. Antes de que pudiera saber quién era yo y cómo quería vivir en ese mundo tan cambiante, muchos de mis amigos ya estaban probando la heroína. Algunos consiguieron salir, pero la mayoría, vivos o muertos, se quedaron por el camino.

Y aquí estoy, especializado en adicciones, que implica tratar otras muchas situaciones: violencia de género, trastornos del estado de ánimo, codependencia, abusos sexuales, oportunidades vitales, y hasta buena o mala suerte.

Por eso tenía que ser yo: por mí, y por todos mis compañeros.