Centro Terapéutico

Musas rebeldes, no. Santitas racistas, sí.

Cuando pensabas que los pajes de Alcoy cubrían las ansias de blackface de España entera (este año, con la participación de entidades solidarias como Cruz Roja), la comparsa Las Santitas ganó el carnaval infantil de Cádiz. 

Voy a aclarar que en este artículo no hay ni media palabra contra las chicas que salieron al escenario. Hicieron lo que les dijeron que tenían que hacer, y lo hicieron genial. Prefiero hablar sobre una sociedad que normaliza el racismo y la hipersexualización, desde los manolos que compusieron las letras (Francisco Joaquín Fernández Cressi “Sito” y José Juan Pastrana Fernández, por si les quieres decir algo) hasta los señoros que votaron a su favor y el público que disfrutó del espectáculo sin cuestionarlo. 

Empiezo: manda ovarios que sean precisamente “cubanas” con esas pelucas afro tan llamativas. Qué poco representativo de un país donde casi todas las mujeres negras se desrizan (o les desrizan) el pelo desde muy jóvenes o incluso desde niñas. Aunque en los últimos años ha crecido el movimiento a favor del pelo afro sin alisar (Lo llevamos rizo es una joya de proyecto), no nos engañemos: que la identidad de cubana sea fácilmente imitable con una peluca afro cuando a la mayoría de las mujeres les cuesta AÑOS aceptar su pelo sin alisar, tiene tela. 

Fue ver la actuación y empezar a hacerme preguntas: esa ropa, ¿de dónde ha salido? ¿Cuándo has visto a una cubana vestida así? Ni siquiera son los vestidos tradicionales de Palmas y cañas1, sino un mejunje genérico apto para guiris. Qué vergüenza. ¿Y la santería no era un cliché ya superado? ¿A qué viene esa parodia de bóveda2? ¿Imitar acentos no está prohibido? Pues debería.  Y ojalá se quedara todo en la santería, las pintas, el pelucón y el acento, pero aún falta lo mejor.

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Dime tú, que tienes dos dedos de frente, qué hacen esas niñas con relleno en el culo y en las tetas, además de adultizar sus propios cuerpos y reforzar la visión estereotipada que ya hay sobre las mujeres negras en general y las cubanas en particular. ¿Quién decidió que era buena idea vestirlas así? ¿Qué interés hay en que parezcan mayores? ¿No es preocupante que el jurado premie este tipo de puesta en escena? Y no, no es puritanismo ni paranoia: es feminismo y antirracismo, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese. 

Y ahora, el remate:  

Por si fuera poco con el relleno, la peluca, el betún, el almendrón y el azuquíta, me encuentro con unas cubanas que se cuelgan ajos, limones y pollos del cuello y la cintura, en un gesto que me parece especialmente ofensivo cuando la Cuba real está atravesando una crisis económica equiparable al Período Especial de los `90 y esos ajos, limones y pollos son bienes escasos que cuestan una auténtica fortuna y horas y horas de colas. De verdad, no le veo la gracia. Ni la empatía. 

Si algo bueno tiene el carnaval gaditano no son precisamente Las Santitas, sino Las Musas plantándole cara al patriarcado con sus letras directas, sororas y maravillosas. Sé que no competían en la misma categoría e, insisto, esto no es un artículo de unas contra otras, pero es el mismo carnaval. La misma fiesta. El mismo ambiente. El mismo sistema que refuerza el techo de cristal para las feministas abre de par en par las puertas del racismo. A unas se les acusa de cansinas en su reivindicación, pero no he leído ni un solo artículo denunciando el blackface de Las Santitas (ni el de Entre sabanas, selvas y ríos… este año vamos al Rocío del año pasado, y vete a saber cuántos más si nos da por investigar…) y su ridiculización de las mujeres de un país entero, porque parece que eso sería cuestionar su talento. Quiero pensar que en algún momento habremos evolucionado lo suficiente como para distinguir la parte del todo. 

También quiero pensar que queremos ser ese “buen antepasado” que Roman Krznaric asegura que podemos ser, a pesar de que no paran de crecer las acusaciones de que tenemos la piel muy fina, vemos discriminaciones donde sólo hay fiesta y censuramos todo lo que no nos gusta. Prefiero tener la piel muy fina antes que seguir debatiendo los próximos trescientos años sobre los límites del arte. ¡Viva la censura!

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1  Programa de música campesina cuyo eslogan es “Donde nace lo cubano”.

2  La bóveda espiritual es un altar místico destinado a la veneración y atención de las necesidades espirituales de los difuntos, que supongo que es lo que intentaban hacer con esas mesas y esas velas. En España sobrenatural tenéis varias referencias y aclaraciones sobre lo que es (y lo que no es) santería cubana. 

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