Puede que haya cierta confusión en torno a la educación sexual. ¿Qué es? ¿Qué no es? ¿Es suficiente con el pin parental para garantizar que nuestras criaturas no ven porno en las escuelas?
Haciendo una búsqueda rápida sobre mitos en torno a la Educación Sexual Integral encontramos auténticas barbaridades, como que se enseña al alumnado a masturbarse, se le incita a mantener relaciones sexuales, genera confusión sobre la orientación sexual y sólo sirve para difundir la “ideología de género” por presiones del Lobby Feminazi, más poderoso, por lo visto, que Monsanto y Jeff Bezos juntos.
¿Qué ES la educación sexual?
La educación, en un sentido amplio, se refiere a todo proceso que implique aprendizaje y transmisión de conocimientos. Según la OMS, la educación sexual integral (ESI) es un proceso que cuenta con un plan de estudios para dar a conocer los aspectos cognitivos, emocionales, físicos y sociales de la sexualidad. Su finalidad es dotar a los niños y los adolescentes de conocimientos, aptitudes, actitudes y valores que les permitan disfrutar de salud, bienestar y dignidad, establecer relaciones sociales y sexuales respetuosas, ser conscientes de la manera en que sus elecciones afectan a su propio bienestar y al de otras personas, y conocer sus derechos y velar por su protección durante toda su vida.
Es decir:
- Conocer el cuerpo humano. Este contenido es perfectamente adaptable por edades, como puede observarse en libros infantiles como Tu cuerpo es tuyo.
- Entender que todas las orientaciones sexuales y afectivas son perfectamente naturales.
- Aprender a identificar y expresar emociones con asertividad.
- Aprender a evitar embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual.
- Saber a qué recursos acudir en caso de necesitar ayuda.
- Analizar con sentido crítico los mensajes sociales en torno a la sexualidad (medios de comunicación, “bromas”, redes sociales, etc.)
¿Qué es el pin parental?
En teoría, se trata de una extensión del derecho de las madres y padres a regir la educación moral y religiosa de sus hijos. Cuando lo decimos así parece casi imposible estar en contra, ¿verdad? El tema es si ese derecho prima sobre otros, como la libertad de cátedra o el interés superior del menor. ¿No estaría el derecho de una niña a conocer su propio cuerpo por encima de las creencias de sus padres? Damos por sentado que en todas las familias se habla de todo, pero ¿qué cara se te quedaría si una adolescente te cuenta que pensó que se estaba muriendo la primera vez que le vino la regla, porque no sabía qué le estaba pasando? Y no, no fue en ninguna aldea remota “de por ahí”, fue en el Madrid del siglo XXI. Y no, tampoco fue un caso aislado. Abajo esos prejuicios, por favor.
Pin parental equivale a:
- Dudas sobre sexualidad resueltas por internet (vete a saber la fuente).
- Nula información para diferenciar los abusos sexuales y la violencia de género de las relaciones deseadas, consentidas y en igualdad.
- Abstinencia como única medida preventiva de embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual (poco realista, teniendo en cuenta que la edad media de inicio de las relaciones sexuales es en España a los 16,4 años e incluso antes, según algunos estudios locales).
- Estigmatización de las orientaciones sexoafectivas distintas de la hetero.
Si lo que te preocupa es la exposición de menores a situaciones de sexo explícito (conversaciones, incitación, pornografía), NORMAL, porque es violencia sexual, no educación sexual. La educación implica aprendizaje, cómo funciona nuestro cuerpo, qué hacer y qué no, cómo, cuándo, dónde y por qué sí o por qué no. La exposición genera hipersexualización, una curiosidad impropia para la edad, y la creencia de que follar mucho equivale a ser muy mayor. ¿Quién quiere eso? Ahora, el pin parental no solo no soluciona nada, sino que hace a las futuras generaciones mucho más ignorantes y limita sus posibilidades de establecer relaciones respetuosas. No es un “pin”, es una barrera adoctrinadora.
Hablar de sexualidad no es incluir el Kamasutra en las lecturas obligatorias. Que no te engañen.