En serio, muchas gracias.
Gracias por decir que no cuando un tío majísimo, el típico buenazo de toda la vida, te ofreció una cita para que pudieras violar a su mujer drogada. Uf, te entiendo, igual te pillaba mal o te daba mal rollito que te estuvieran grabando. Y gracias por no denunciar, porque total, se va a liar una pardísima por una tontería como esta, que no es nada, es sólo otra mujer violada y maltratada y sometida y deshumanizada para diversión masculina, pero yo lo entiendo, porque toda la vida se ha hecho así. Son vuestras costumbres y hay que respetarlas.
No vas a violar a una mujer inconsciente porque eres buen tío, pero que lo hagan tus amigos no te importa, porque tú ya te sientes buena persona por haber dicho que no, y ¿quién eres para ir a decirle a otro macho qué puede y qué no puede hacer? Y ¿qué pasa si ahora no te apetece, no te fías, o te vienen mal los horarios, pero mañana cambias de opinión? ¿Para qué vas a denunciar hoy a la mano que te dará de violar mañana?
Gracias por estar siempre ahí, con los tuyos, sin abrir la boca. Gracias por mantener tu lealtad inquebrantable. Gracias por sumar siempre del lado de la homoafectividad, ese espacio sagrado en el que sois fieles, y cuidáis, admiráis y respetáis a vuestros iguales. No uso el masculino como género no marcado, sino en sentido literal: vuestros, con o intencional. La o con la que afirmáis que vuestro amigo durmió en casa la noche del delito, o que era de gatillo fácil, pero buena persona. No hay ninguna o en terfa, ni en femininazi, ni en puta, ni en amiga, ni en madre, ni en hija, ni en hermana, porque nunca debemos olvidar que eso es lo que os hace feministas: las uñas pintadas, la masculinidad deconstruida (nunca erradicada), y ser los hijos, los hermanos o los padres de una mujer a la que quizá otro buen amigo, buen padre, buen compañero como tú esté violando ahora mismo.
Gracias por no ser una mierda de tío, de esos que van por la vida gritando,
amenazando, violentando a todas las mujeres que se encuentran a su paso. Gracias por no matar. Gracias, quizá, por abrirnos las puertas y cedernos el paso, porque eso es justo lo que necesitamos: un caballero. La igualdad puede esperar. Gracias por no ser tú el que mata a la vaca, sólo el que le sujeta las patas.
Gracias por invertir tantísima energía en recordarnos que #notallmen. ¿Qué
haríamos sin ti? Las temporeras de Huelva o los setenta y tantos feminicidios que llevamos en España en lo que va de año no son causas que te levanten del sofá, porque mujeres hay muchas. Muchísimas. Pero hombres como tú hay pocos, y por eso la prioridad es separar el grano de la paja, dejar claro que tú no eres como los demás, recordarnos que somos unas histéricas y unas exageradas y que siempre nos gustan los malos, no los tíos buenos como tú.