Este es un artículo explicativo e informativo para entender porqué es importante el tratamiento de las fascias, EL TRATAMIENTO MIOFASCIAL.
En primer lugar necesitamos saber qué es la fascia.
Es un conjunto de capas de tejido conectivo dispuestas ordenadamente en el cuerpo en diferentes direcciones cuyo componente principal es el colágeno. El colágeno tiene como función formar fibras de tejidos diferentes para crear estructuras en el organismo. En función del componente con el que se una podrá dar lugar al colágeno de la piel, de las uñas, de cartílagos, de ligamentos… y así hasta 28 tipos diferentes.
La fascia se dispone en el cuerpo envolviéndolo por completo de tal forma que organiza, separa, da soporte y forma, protección y autonomía al sistema muscular, tendinoso, visceral, sanguíneo, nervioso y linfático.
Incluso participa en la nutrición de nervios y vasos sanguíneos y el intercambio de sustancias entre ellos y la linfa, debido a la relación que tiene la fascia con el agua: el tejido conectivo del que está compuesto la fascia es un 80% agua.
Es decir: la fascia se encuentra en todas y cada una de las estructuras del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, de manera ordenada, ininterrumpida y extremadamente interrelacionada.
Personalmente, la definiría como “la seda que envuelve la vida”.
La fascia dota de propiedad resbaladiza y deslizante al músculo, órganos, inserciones musculotendinosas, musculoligamentosas, relación de nervios y vasos sanguíneos, permitiendo así un movimiento equilibrado y armónico entre las estructuras, tanto a nivel local como a distancia. Por ejemplo, para poder levantar el brazo completamente, la fascia del pie, la zona más lejana, debe estar libre y sana. Una intervención, torcedura o golpe podría alterar la continuidad y armonía de dicha fascia y aparecerían limitaciones o dolor en el movimiento del brazo.
Una vez que sabemos qué es la fascia y sus funciones principales, podemos deducir que se trata de un sistema muy complejo, importante y a la vez delicado, fácilmente lesionable. Por eso ahora veremos cómo se lesiona la fascia.
LESIÓN MIOFASCIAL.
Enumeraré las principales causas por las que se lesiona, y después explicaré en qué consiste la lesión.
- Traumatismo directo, golpe o cortes, ya sean accidentales o por intervenciones quirúrgicas. Debemos recordar que todos tenemos una cicatriz de serie, el ombligo, y es una estructura importante a nivel terapéutico. Un dato a tener en cuenta también en el tema de las cicatrices es que la fascia forma parte del tejido cicatricial, favoreciendo éste, pero también dando lugar a adherencias cuando el proceso de cicatrización no se desarrolla en un “ambiente” adecuado, lo que provoca retracciones en el tejido que las sufre, en la piel y articulaciones, con la consecuente limitación de movilidad y dolor.
- Mantenimiento de una misma posición o postura de forma prolongada, pues las fibras se desorganizan y se adhieren, perdiendo así su tensión estructural y provocando debilidad, y por tanto, mal funcionamiento.
- Lesiones químicas. En este punto cabría la posibilidad de escribir un artículo aparte, puesto que no se trata solo de químicos como podríamos estar pensando. Es mucho más complejo: hablamos de azúcares refinados (azúcar blanca), grasas nitrogenadas (bollería industrial), alcohol, medicamentos, drogas y alimentos que nuestro cuerpo no tolera o no digiere bien y no somos conscientes de ello. Todo esto genera toxinas que se acumulan en nuestro cuerpo, en nuestra sangre y linfa (de la que se alimenta la fascia y con las que colabora para distribuirla por el cuerpo) y provoca la acidificación del cuerpo, estando todos los tejidos en un medio hostil. Es una especie de envenenamiento corporal.
- Otro factor lesional muy importante es el estrés crónico o distrés. La sociedad en la que vivimos es una sociedad estresada. Es difícil encontrar personas que en mayor o menor grado no lo sufren. El problema viene cuando esta situación es mantenida durante mucho tiempo.
Cuando nos estresamos se liberan sustancias y hormonas que nos ayudan a hacer frente a esa situación (adrenalina y cortisol, principalmente). Una vez que pasa la situación estresante, todo debería volver a sus valores normales y podríamos relajarnos. El problema llega cuando no se consigue regular el nivel de estrés y estas sustancias se mantienen en el organismo, llegando a alterar el funcionamiento del sistema nervioso central con repercusiones negativas para todos los sistemas corporales.
¿Por qué afecta el estrés a la fascia? Porque provoca el aumento de formación de una sustancia que genera rigidez en ella (miofibroblastos), que a su vez distorsiona la capacidad de mandar información correcta del dolor (información nociceptiva) y de la percepción de nuestra postura y equilibrio en el espacio (información propioceptiva).
Es aquí donde se hace necesaria la colaboración interdisciplinaria entre fisioterapia y psicología, puesto que una complementa el tratamiento de la otra. Se debe tratar cuerpo y mente.
Estas son las causas más importantes de las lesiones fasciales, pero la lesión en sí no deja de ser una alteración de la dirección y alineación de sus fibras, de su composición y del medio interno.
Un ejemplo sencillo: imaginad una red de pesca. Para que funcione, debe estar en buen estado, bien cosida, sin enredos, sin nudos ni agujeros, ni muy tensa, ni muy laxa, y al extenderla debe ser libre para alcanzar toda su amplitud y desplegarse sin restricciones ni tensiones. La fascia debe trabajar de la misma manera, de forma armónica y en equilibrio.
El desequilibrio de la fascia que desencadena la sintomatología, se produce antes de que esos síntomas den la cara. Es decir: cuando aparece una lesión miofascial, es porque esa fascia lleva mucho tiempo buscando el equilibrio y una armonización de sus estructuras sin conseguirlo.
Otro dato que ya hemos mencionado es que la lesión primaria no tiene por qué dar síntomas en esa misma zona: puede reflejar dolor o limitar movimientos de estructuras muy distales.
Sabemos qué es y cómo se lesiona la fascia. Nos queda saber en qué consiste el tratamiento.
TRATAMIENTO MIOFASCIAL.
En ocasiones aparecen pacientes que tienen un dolor no constante, pero sí repetitivo, persistente, que aparece sin motivo aparente, difícil de justificar en ocasiones, pues el paciente no recuerda ningún gesto o motivo que le haya provocado el dolor, que le genera limitación en sus actividades diarias, en la calidad del sueño…. Es en estos casos cuando se puede sospechar de una lesión MIOFASCIAL, y tratarla como tal.
El tratamiento en sí tiene como objetivo recuperar la correcta alineación, orientación y dirección de las fibras de colágeno, modificar su dinámica alterada para que sea armónica. Así conseguimos que la «red de pesca» esté lista para trabajar. Pero también el objetivo es producir un cambio en el medio en el que se encuentra la fascia. Pretendemos mejorar la circulación del sistema linfático (el sistema que se encarga de eliminar y depurar las sustancias de desecho del cuerpo) para mejorar la distribución del agua en los tejidos y así favorecer el proceso de desintoxicación del medio interno. Evidentemente esto no se consigue en una sesión ni en dos, porque cuando aparece una lesión miofascial, ésta lleva mucho tiempo de evolución buscando su equilibrio y a mayor antigüedad, mayor tiempo de recuperación.
A la hora de trabajar las fascia, el fisioterapeuta, que es el único profesional sanitario cualificado y con derecho a realizar tratamientos para recuperar lesiones, puede aplicar varias técnicas muy diferentes entre ellas, dependiendo de la profundidad de la fascia que queramos tratar, porque no es lo mismo tratar la fascia del pie que la fascia de un riñón, por ejemplo. Y es trabajo del fisioterapeuta, previa anamnesis (cuestionario al paciente) y exploración, decidir qué hay que tratar y cómo.
Entonces podemos encontrarnos con que el fisioterapeuta nos realice una técnica «superficial» o «profunda», o las dos. Son numerosas y muy diferentes unas con respecto a otras. Algunas son suaves, casi inapreciables, y otras algo dolorosas.
Una de las técnicas consiste en poner las manos en el cuerpo del paciente, paralelas a la zona a tratar, una por encima y otra por debajo. Menciono esta técnica en concreto porque me he encontrado en ocasiones con pacientes que me dicen que otros compañeros le han hecho una «imposición de manos», y no es así. El primer error es no explicar al paciente lo que se le está haciendo y para qué. En este caso, lo que se hace es buscar la restricción de movimiento de la fascia para ayudarla a recuperar sus propiedades, lo cual se hace de manera muy suave, delicada y casi sin desplazamiento de las manos, y necesita de mucha concentración por parte del fisio y relajación por parte del paciente. Y por supuesto con el consentimiento del paciente por las respuestas que pueden aparecer en él. Lo explico a continuación: en ocasiones, con el tratamiento de liberación miofascial se pueden obtener movimientos involuntarios y espontáneos de distintas partes del cuerpo del paciente, como la cabeza o las extremidades. Esto ocurre al «desenredarse» y reorientarse las fibras alteradas, que buscan la manera de volver a su equilibrio con estos movimientos, al igual que damos vueltas a un ovillo de lana para desenredarlo.
Otro efecto que tiene la liberación miofascial es la liberación emocional. En ocasiones, al realizar los tratamientos el paciente empieza a reír o llorar. Explicado de manera sencilla, se podría decir que las fascias también tienen el defecto o virtud de retener las cicatrices emocionales producidas por situaciones muy estresantes, impactantes o de shock, y al tratar la lesión generada por ella, puede hacer rememorar dicha situación.
No necesariamente emociones negativas. En una ocasión, una paciente empezó a llorar y al terminar me comentó que era de emoción, había revivido el momento en el que le pusieron a su hija en el pecho tras el parto, sin duda un momento muy emotivo.
Me quedan cosas en el tintero, pero espero que al menos se entienda la importancia que tiene el sistema fascial para el correcto funcionamiento de todas las estructuras del cuerpo, y por tanto la complejidad y delicadeza con la que se debe realizar su tratamiento.
Zaida García Sánchez.
Fisioterapeuta. Colegiada 860 del COFEXT.