Soy una mujer de mentira

Podríamos resumirlo en que los hombres no hacen trabajos “de mujeres” porque son más precarios y menos prestigiosos, y nosotras no hacemos trabajos “de hombres” porque no nos sentimos seguras. No responde a ninguna predisposición genética ni a ningún hábito adquirido en las cavernas, sino a nuestra socialización diaria.