Centro Terapéutico

Ultrafeministas y ultraindignadas

Chicas, dice Javier Bardem que “el ultramachismo es tan perjudicial como el ultrafeminismo”. Te descuidas un día y ya hay palabras nuevas. 

Ultramachismo no, por favor. Un poco de machismo, sí, pero muy poquito. Ultra tampoco. Eso de las exaltaciones no va con él. La virtud está en el medio. Moderado. Le ha dado por no ser radical en nada porque claro, lo peor del ultramachismo no es que el machismo de toda la vida vaya a más y se vuelva ultra (sea eso lo que sea), sino que el ultrafeminismo es igual de malo. Ojito, que tan malo es pedir igualdad como matar a la mujer que ya no quiere estar contigo. Otro señoro que no fue a clase el día que explicaron la definición de feminismo. 

“La buena masculinidad tiene un 50% de mujer”. Ahora resulta que hay una masculinidad “buena”, receta incluida. ¿Y qué significa ese “50 % de mujer”? ¿Techo de cristal? ¿Reducción de jornada por cargas familiares? ¿Que te feliciten el 8M como si fuera un cumpleaños colectivo? Da igual, porque todo se arregla diciendo que estamos en el mismo barco. ¿Desde cuándo? Desde siempre. Lo que pasa es que ahora os habéis feminazizado y así ya no puede uno ser un macho en condiciones. 

Entiendo los debates. Me encantan. Y oye, bien por tu familia, que te enseñó a reivindicar lo que crees justo. La pena es que a día de hoy sigas sin ser consciente de que no se trata de censura, sino de reflexión sobre la repercusión de tus palabras. Lo que tú dices, aún reconociendo tímidamente que no tienes ni puta idea, lo ven y lo comparten millones de personas alrededor del mundo. Millones de hombres que seguirán cómodamente instalados en su machismo, porque se creen que no llega a “ultra”, y millones de mujeres que no querrán identificarse con el feminismo para no ser tachadas de locas, feas, reprimidas y malfolladas por pedir igualdad. 

El feminismo es el movimiento político, filosófico y social que busca la igualdad entre hombres y mujeres. Como en todo movimiento, hay distintas corrientes e incluso divisiones internas, pero eso no hace que haya mutado en una secta a favor del aborto selectivo de varones, o lo que sea que el ultrafeminismo signifique para ti. 

Argumentos de señoro en este punto de la conversación:

Entonces debería llamarse “igualitarismo” (habla con Alexandre Dumas hijo y de paso lee este artículo).

Sí, pero algunas se han vuelto radicales (revisa la definición de “radical”). 

Ya no se os puede decir nada (mucho habéis tardado en cerrar la boca).

Sois muy violentas (seguimos sin llegar a vuestras estadísticas, que no cunda el pánico). 

Y hasta aquí la pedagogía de hoy.

Nunca es un buen momento ni son buenas las formas. Nunca te va a gustar que te digan lo que no quieres oír. Nadie se levanta de la cama pensando que ojalá le digan que es un macho ideológicamente indistinguible de Torrente, por mucho que haya invertido en marketing pijiprogre. Como mucho, algún día llegarás a ser el falso aliado que dice que sí, que hay que hacer cosas, pero sin enseñar las tetas ni romper cristales. Tranquilas, calladitas, sometidas. Mientras tanto, cinco mujeres han sido asesinadas en España la semana pasada. CINCO. Sólo en España y sólo por ser mujeres. Pero  tú sigue pensando que el problema es el ultrafeminsmo que ya no te deja mirarte el ombligo a gusto. 

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